ROBERTO PEREMESE: COLOR VISCERAL

Conversamos de todo un poco con este artista local que la rompe y te mostramos una pequeña dosis de su portafolio en esta nota al estilo de Kriolla

Trazos demenciales, letras esquizoides y violencia cromática conviven con personajes naif y símbolos ocultos en el complejo e indescifrable universo de Roberto Peremese.

Graffitero, muralista, ilustrador y artista visual en general, empezó estudiando en la Escuela De Bellas Artes pero se graduó en la calle, terreno que domina y conoce a la perfección y donde, armado con sus latas, ha disparado color a quemarropa en varias de sus esquinas.

Continuando con nuestra serie de portafolios de los artistas más bravos de la ciudad, conversamos con el gran Peremese, un capo que se mueve con naturalidad en varios campos y soportes y te mostramos parte de su chamba en esta nota Kriolla.

Cuéntanos un poco sobre ti y ¿Cómo te inicias en el graffitti y arte en general?

“Crecí en S.M.P, cdra. 37 de la Av. Perú. Ahí obtuve mi primer spray, una noche mágica en la que las chispas brotaban del suelo y llovían piedras sobre las cabezas y cuerpos de los presentes en una danza violenta en la que los autoproclamados “guerreros” corrían envalentonados, empuñando sus sables y rayando el piso; entregando su vida o intentando quitársela al rival por el honor de algún equipo; un sentimiento que nunca llegué a entender.

La batalla llegó a su clímax cuando llegaron los de José Granda (el otro barrio), yo tenía unos 10 u 11 años, quizás menos cuando de pronto, entre las cosas que se tiraban, cayó a mis pies una lata la cual cogí sin dudar. Recuerdo que era muy de noche y al poner mi nombre en la pared, de manera ilegal, ese mismo día supe que jamás lo dejaría y ese fue el inicio del fin”.

¿Cómo definirías tu estilo en un par de líneas?

“Escapo de las definiciones; prefiero que otro lo haga. Es raro que a alguien le agrade todo mi trabajo; a veces es violento y visceral otras más agradable o singular. Lo que sí, son constantes los elementos de crítica a lo trivial como artefacto de consumo o simbolismos de la cosmovisión andina y la psicodelia amazónica. La permanente indagación, la duda y la sed son recurrentes a lo largo de estos años pintando así como mi derecho a poder contradecirme. Si quieres paz, sacrifica tu cerebro.

Hoy el camino es tratar de llegar a una verdad, una certidumbre que vaya escalando, una teoría puesta en practica para luego darle forma y materializar o parir simplemente. Volver a volver a volver a empezar de nuevo, es la rutina; es como una batalla a la que acudes con el mismo entusiasmo cada día de tu vida, pero con la certeza de que nunca la ganarás”.

¿Qué pretendes mover en el espectador con tu trabajo?

“Su empatía, su otredad”.

Hay mucha simbología y oscuridad en tu chamba a pesar de utilizar colores intensos casi siempre ¿Qué papel juega este contraste y estos elementos en tu propuesta?

“La función es la de tropezar conmigo y buscar reconciliación. Somos todo eso y más, el contenido muchas veces son frases que algún muerto ha dicho antes y que finalmente se hacen tuyas al aplicarlas en un contexto diferente, la forma esta forma finalmente es la que te mira fijamente, te abraza, te desafía o te ignora.

Te inicias como artista en la calle, pero también lo haces en otros soportes y estilos ¿Qué me comentas al respecto? ¿Qué te ofrece cada soporte?

“Tiene que ver con recursos. Los recursos son interesantes si son nuevos y maravillosos si te los inventas. Para mí, gran parte de esa dinámica surgió en la calle; no tener todas las herramientas a mano, te obliga a utilizar lo que la calle provee”.

Trabajas mucho en dupla con Jimbo y a parte no tienes problemas en hacer muros en colaboración con otros artistas ¿Qué tal trabajar en equipo? ¿Qué te ofrece a diferencia de hacerlo solo?

“Jim es mi colega y amigo. Trabajo bastante con él y compartimos el estudio Quilcat. He armado cosas desde hace muchos años con otros grafiteros y muralistas; propuestas grupales a gran escala y comisiones. No todos coincidimos o tenemos el mismo feeling, por otro lado a veces hay mucho ego o falta de apertura, usualmente la gente va a la segura y no busca asombrarse uno mismo y en el mejor de los casos, repiten lo suyo y ya. Eso me aburre un poco”.

Peremese y Jimbo en las alturas de su taller en el centro

Lima; ¿De qué forma influye en tu trabajo? Y ¿Cómo te gustaría que fuera la ciudad?

“Vivo en el Centro de Lima desde el 2006, con idas y venidas. La ciudad ha influido en mi trabajo de las formas mas violentas y bizarras posibles. Éramos jóvenes que ejercíamos la vida nocturna, beatos virulentos consumiendo una Lima de suciedad, pobreza y marchas diarias. Estábamos enfermos, escupíamos a todo, terminábamos vomitando y los faroles de luz eran nuestros soportes. Ahora ya con menos aversión, se reconoce las sutilezas de lo áspero y horrible, de la ausencia y lo bizarro, lo latente y la mágica tragedia…A esta ciudad nunca la imagino de otra forma, la acepto tal cual es; surge y decae como todos nosotros. Seguramente mejorará para algunos pero para otros, no sé. Lo que sí tengo claro es que pronto me marcharé de mi taller en el corazón del centro y no es algo que desee”.

¿Qué viene para Peremese este 2020?

“No lo sé. Espero que compartir, agradecer y asombrarme. ¡Hoy como siempre, mañana ojalá!”


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