PURITO SONIDO POPULAR

Conversamos con Luis Vicente y Fernando Castro parte de La Nueva Invasión banda de fusión muy querida en la escena local y que alista su tercer disco

Hablar de La Nueva Invasión es hablar de Lima; pero no de aquella que sale en los folletos de Marca Perú que le regalan a los turistas en el aeropuerto sino de esa ciudad de contrastes donde convergen todas las razas, todos los sonidos y todas las culturas del país; esa Lima que se hace a pulso y día a día a punta de chamba y sudor pero también, como tiene que ser, con harto baile y alegría.

Con un propuesta caracterizada por la fusión de ritmos que van de la cumbia al punk pasando por el folclor del ande y la selva acompañado todo por letras incendiarias y una soberbia potencia sobre el escenario, La Nueva Invasión se encuentra cocinando su tercer álbum de estudio que promete ser aún mejor que el exitoso Vitamina Inka, además de seguir alimentándose de toda esa variedad de influencias que coexisten en esta ciudad de reyes y locos calatos.

De este modo nos encontramos con Luis y Fer vocalista y tecladista/vientista respectivamente para conversar de todo un poco, desde los inicios de la banda y la evolución del sonido hasta la gente de mierda que tenemos como gobernantes.

K: ¿Cómo fueron los inicios de la banda?

F: “Se da a raíz de un grupo pre existente que es Suicidas conformado por los hermanos Vicente y José Vargas y a ellos nos sumamos en un inicio Aurelio Castillo en el charango y yo en la quena y hoy en el sintetizador. Ya la inquietud de Suicidas por jugar con ritmos tropicales empezaba a aparecer en ese entonces y por nuestra parte la exploración con el folclore y lo tropical era una constante y en base a eso se da la formación”.

L: “Con Fer nos conocemos del cole; para bien y para mal siempre hemos hecho cosas juntos pero nunca habíamos compartido un proyecto musical y cuando se dio la oportunidad no lo pensamos mucho. Ambos veníamos de una experiencia previa organizando eventos para Amapolay y ya teníamos una dinámica de trabajo que complementó muy bien la idea de la banda. Siempre digo que hicimos la banda queríamos escuchar y a partir de ahí armamos una escena donde tocar porque no habían muchos espacios para el proyecto por lo que siento que LNI ha aportado no solo en lo musical sino también en el desarrollo de un nuevo circuito”.

K: Traemos cumbia, chicha y rock n rol dice la estrofa de una de sus canciones más conocidas; pero además traen escuela Punk, música tradicional de la Selva y del Ande, por ahí su bolero cantinero entre otras joyitas ¿Cómo se da esa inquietud por la fusión de ritmos y cuanto aporta a la propuesta?

F: “El proyecto siempre se ha nutrido de la variedad de visiones, estilos, escuelas y recorridos que tenemos cada uno de los integrantes y todo eso suma a la hora de crear. Siempre hemos buscado una exploración pero que parta desde lo personal y vamos encontrando puntos comunes al componer. Por otro lado también hemos caminado mucho tanto por el interior del país como por Lima y toda esa sonoridad es parte de nuestra identidad”.

L: “Sí, creo que es una sincronía particular la de los sonidos autóctonos con la irreverencia que le puede dar una escena punk por ejemplo que es donde se mueve Suicidas y que le inyecta una frescura y actitud particular a LNI la misma que nos ha permitido calar en la gente que reconoce eso y siente esa reinvención de lo tradicional; sin embargo el valor de la rebeldía tratamos de sustentarlo más allá de la música con chamba, respondiendo a la coyuntura y también al creer que lo que haces es importante”.

K: Ustedes se han caracterizado desde sus inicios por armar sus propios eventos entre ellos el ya mítico Hallowinka y por activar espacios desconocidos que ahora son parte del circuito de música independiente ¿Qué papel juega la autogestión en lo que hacen?

L: “Cuando nos dimos cuenta que necesitábamos hacer fichas pusimos toda la onda en organizar los conciertos con la intención de no renunciar a todos los planes que teníamos como banda: Discos, giras, videos. Creo que es un privilegio que ha costado mucho esfuerzo y es sin duda una de las victorias más importantes que hemos logrado. Mi hermano Diego siempre dice algo muy bacán que es que de niños jugábamos a hacer lo que hacemos ahora y es que si nos ponemos a mirar un poco el camino recorrido es satisfactorio y hasta en cierto grado sorprendente ver como las cosas se alinearon de cierta forma para que una banda como LNI con mucho recorrido callejero y raíces barriales haya logrado trascender y se haya posicionado donde está hoy que es un lugar destinado tradicionalmente para bandas con más recursos. Eso es algo que hasta ahora no se puede transformar del todo en la realidad artística peruana pero si siento que con eventos autogestionados hemos logrado romper un poco eso y esperemos que vengan más proyectos detrás. Sería interesante ver esa transformación real que pasa en otros países de Latinoamérica y que hace más democrático esto de la música independiente y el sueño de vivir de tu arte”.

K: Baile y mensaje son dos cosas que me vienen a la cabeza al hablar de LNI. En ese sentido ¿Cómo convergen estos dos temas?

F: “Las letras y la música son muy vivenciales. Si bien hay un contenido con reminiscencias de crítica social, todo parte desde el yo, desde el individuo; no nos gusta el rollo de los rótulos como que hacemos “música de protesta”. Siento que pierde mucho el valor artístico al colocarle etiquetas. Además creer que a partir de una canción puedes generar una revolución es algo pretencioso e irreal; más bien lo que uno hace desde su trinchera es expresar y comunicar y es super bacán que eso genere esa empatía. Por otro lado como banda no dudamos en sumarnos a cualquier movida donde sintamos honestidad”.

K: Pero, ¿La fiesta es una forma de protestar también?

L: “Bueno la fiesta es alegría y la alegría es la medicina por excelencia; si no lo cura eso no lo cura nada pues. Son expresiones de catarsis popular donde pasan varias cosas: El uno se conecta con el otro, el pasado dialoga con el presente, lo local se mezcla con lo global y así. Hay conexiones a muchos niveles y en ese sentido sí es una especie de resistencia pero desde un inicio siempre nos pareció importante que estas movidas sean sustentables es decir que a partir de la fiesta se generen puestos de trabajo para nosotros los músicos, los sonidistas, los plomos, el señor que alquila el local, la señora que alquila el estrado, los amigos que alquilan el equipo de sonido, el diseñador y así. Para que una escena crezca tiene que demostrar que puede ser una fuente de economía alternativa y que esto sea sostenido en el tiempo. Ahí está la resistencia”.

F: “La música y la fiesta lo que generan son himnos de reafirmación pero ahí no solo está LNI sino un sinfín de bandas independientes que nos han regalado eso a la historia cultural peruana. Los cambios los hace la gente no las canciones ni las fiestas”.

K: ¿Cómo ha sido la evolución del sonido de LNI?

F: Todo evoluciona. Creo que estamos contentos porque ha habido un progreso desde lo sonoro pasando por la calidad de producciones y la suma de gente que está detrás del proyecto hoy en día. El primer disco fue graba prácticamente de manera amateur, en el segundo ya hubo un productor en este caso argentino que vino a Lima El Chavez al cual queremos mucho y su mano se vio plasmada en el resultado. Además se incluyó el sinte que es un instrumento que ha aportado bastante a la música tropical y ahora para el tercer disco se vienen un pincho de pastruladas más en lo sonoro”.

L: “Creo que LNI suena un poco a la calle. En Lima tú caminas y transitas por varios espacios sonoros en una misma cuadra. Puedes escuchar salsa, cumbia, folclore, rock, todo funcionando. Como banda nos solemos aburrir si mantenemos una misma sonoridad mucho rato. Siempre estamos pensando en escoger bien los colores con los que queremos trabajar y los ingredientes van llegando es casi como cocinar en el mercado y eso le da un plus y una identidad al proyecto pero al mismo tiempo le da un desgaste a la hora de decidir y ponernos de acuerdo pero no ocultamos el conflicto sino lo hacemos música y la banda termina siendo un espacio de catarsis para cada uno de nosotros”.

K: Para finalizar ¿Cómo ven la situación política del país actualmente?

L: “En lo personal creo que estamos atravesando un proceso de cambio fuerte. Que se vayan todos, claro, pero ¿Quién va a venir? Tiene que haber un movimiento de transformación a nivel personal, grupal y de relaciones cotidianas que puedan sostener un cambio real. Un buen gobernante no va a hacer que aparezca una buena ciudadanía, no funciona así; la gente tiene que asumir su propia autoeducación, tranformación y después de haber emprendido esa búsqueda soñar con tener gobernantes que reopresenten eso. Tenemos conflictos irresolutos; somos una sociedad dividida, racista, machista, donde marginamos al otro y también nos automarginamos. Es difícil que con esos defectos tengamos una clase política distinta”.

F: “Es una cosa sintomática que nos golpea en la cara. Una serie de cochinadas que queríamos colocar debajo de la alfombra y que ahora que saltan nos hacemos los sorprendidos. Ya de por si que PPK haya sido presidente es algo para llorar y  nos hacíamos los cojudos hasta que una mafia sacó a otra mafia. No queda otra que seguir chambeando, sumándose a movidas que busquen un cambio y no dejar de creer que la situación se puede revertir”.

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